Delicia de Galicia

De camino al restaurante del Centro Gallego en Steinhausen se me cruzó un gato negro.
Instintivamente agarré el volante con más fuerza.
Por unos segundos temí que algo me saliera mal. Me revolví incómoda en el asiento del coche, y me esforcé en apartar ese pensamiento.
Pero qué podría ocurrir? Que al cocinero le quedara la empanada seca o que no hiciera el arroz con amor?
Aunque a los gallegos nos tachan de supersticiosos no me gusta ampararme en ese cliché.
En la puerta me encontré con Martha, Mónica y Lali. Hacía algún tiempo que no veía a Mónica y tuve que mirar dos veces para reconocerla.
Ya dentro había una mesa preparada en el centro del local para las 22 personas que nos reuníamos este jueves. Mientras tomaban asiento  me dirigí a la cocina a indagar qué se cocía.
Regresé al coche porque se me había olvidado la lista con los nombres de las comensales, y me topé con Fran, favorecidísima con su  nuevo corte de pelo.
La mesa se fue llenando despacio, y no se completó hasta las dos de la tarde.
Lali pedía prosecco, pero yo quería aprovechar la ocasión para que probaran un Albariño. Se abrió una botella de Terras Gauda y para mi sorpresa se acabó antes de lo esperado.
A las 12.27 y sin completar la mesa comenzaron a servir las tortillas de patata, el pulpo y los pimientos de padrón que Luis Rodríguez siempre prepara tan bien y que hicieron nuestras delicias.  Inmediatamente trajeron la empanada. Estaba seca!
Me pregunté cómo era posible que un cocinero profesional que había aterrizado esta semana en Suiza expresamente para dar un curso de cocina a los socios del Centro Gallego, que regenta un restaurante en Santiago de Compostela y otro en Allariz, en la provincia de Ourense, que tiene un espacio sobre cocina en un programa de la televisión gallega, que ha publicado un libro de cocina,
y que acaba de grabar un programa para televisión española en Bolivia que saldrá proximamente en antena, fuera capaz de hacer, en mi opinión, la peor empanada que he probado en mi vida!!!
Todo hay que decirlo, el horno llevaba dando problemas toda la semana durante el curso de cocina.

Tampoco acertó con el arroz, sí que era negro y llevaba sepia, pero no se parecía ni un ápice en aspecto y sabor al arroz negro con sepia que el martes nos enseñó a preparar a los socios del citado centro. Me gustó tanto entonces que lo sugerí como plato para nuestro almuerzo del jueves. Pero a éste le faltaba todo el sofrito de pimiento, zanahoria y tomate que el pasado martes coloreaban la paellera. Y allí se quedó, en los platos.

Maldito gato!!!

Terminó el almuerzo con crema catalana y cafés.
Fue en ese momento cuando hicieron aparición el gaiteiro y sus acompañantes tocando el tambor y algo parecido a dos conchas de vieira.
Entre ellos estaban el presidente y el vicepresidente del centro Gallego, el cual también ejerció muy amablemente de camarero durante toda la comida. Alucino y agradezco enormemente que estos paisanos se ofrezcan de forma altruista a tocar la música que conocen para que nosotras lo pasemos bien.
Pues sólo se les ocurre comenzar tocando una muñeira. Yo estaba tan tranquila sacando fotos, hasta que noto que me hierve la sangre, y los pies y el corazón tiran de mi y me acercan a los músicos, sin hacer caso a mi cerebro que me recrimina: pero no hagas el ridículo por favor, otra vez no… y ahí estoy, dando brincos, los brazos a la izquierda y luego a la derecha, los pelos y los pechos sube y baja, y los pies todo lo fieles que recuerdo a los pasos que aprendí de niña.
Menos mal que me había puesto zapato plano porque me imaginaba que sería una comida ajetredeada.
De bailar la jota pasé.
Después del show se hizo un poco de sobremesa excepto las que tenían que recoger a los niños del colegio como es habitual.
Cuando ví a Anahí sacar el gloss y retocarse pensé que esto estaba llegando a su fín.
Pero todavía nos reímos con algunas picardías sobre yogures naturales y zumos de grosellas, tranquilas, relajadas, apurando un par de botellas de agua, gentileza de la casa.
Creo que fui la última en salir.

Fue un contraste tremendo volver a este sitio para el curso de cocina de la tarde. La gente que lo sigue no tiene ni tiempo libre para comer con amigas entre semana, ni hijos en colegios internacionales, y es gente que ha venido a Suiza como último recurso para encontrar una vida digna. Yo por de pronto me cambié de jersey, para no manchármelo y para no brillar.
No le dije nada al cocinero más que gracias. No daba crédito a lo que había hecho, cómo lo había hecho, y le observaba intentando averiguar por qué. Además me daba miedo que se sorprendiera de mi comentario.
Matices culinarios aparte, estuvimos muy a gusto y algunas pudieron poner cara a los nombres y direcciones de email que hemos estado intercambiándonos.

Hoy de vuelta del colegio de mis hijos se me cruzó otro gato, de color pardo.
Y respiré hondo.Imagen

CRÓNICA EN LAS ALTURAS

viernes 1 de abril 2011

Además del jamon ibérico, ver mundo y poder dormir a pierna suelta, también me gustan las sensaciones fuertes. Almorzar todos los jueves con vosotras es una de ellas.

El restaurante Kreuz a orillas del lago, nos ofrecía de nuevo una vista privilegiada. Salía el sol a ratos, suficiente para lucir las gafas de sol de esta temporada.
Cuando llegué sólo estaba ocupada una mitad de la mesa. A mi diestra estaban Claudia y Eve, enfrente de Mónica, Lourdes, reincorporada a los almuerzos, muy bienvenida, con buen aspecto y con su habitual sentido del humor, y Carmen Pinós. Luego fueron llegando y sentándose a mi otro lado Carmen Mendoza, que ha cambiado el nombre de su boutique, de Violets a Carmen Mendoza, Clara que entró con Lina, después Marian y finalmente Manuela, que ocupó la cabecera. Hacía tiempo que no me sentaba en el medio, qué bien, pensé, pero pronto me encontré con un problema. Quería seguir la conversación de mi derecha, y me perdía de pronto en la conversación de mi izquierda. Socorro! Hablar se habló, pero de qué? Lo que sí escuché fueron muchas risas. A excepción de la organización de la fiesta del colegio internacional, y del cura que hace dieta Metabolic Balance y que visitó mi casa esta semana en época de cuaresma, todo lo demás que pillé son retazos de conversaciones entremezcladas.
Eso sí, acordamos preguntar en los almuerzos quién se ofrece para reservar el restaurante del jueves siguiente, así todas tendrán su oportunidad. Como habréis podido leer, Marian, que viaja a tierras escocesas el fin de semana para amadrinar a su sobrinito, ya ha hecho una reserva en una Brasserie cerquita de su casa.

Después de cerrar la cocina, aún vinieron Lorena y Vivi, que todavía pudieron hincarle el diente a un pescadito rebozado y crocante sobre un ramo de lechuga y a un sandwich de salami respectivamente, de esa carta fría que ofrecen en Suiza a los de last minute.
A medida que iba transcurriendo el almuerzo, la tarde se iba nublando, y para la hora del café, que se tomó en casa de Manuela, llovía de verdad.
Claudia, como si se tratara de Superman, utilizó su coche a modo de cabina telefónica y apareció en casa de Manuela calzando sus Burberry de lluvia.
Gracias por el cafecito Manuela, tienes que ser muy feliz con esa vista, lo pasamos muy bien. Qué linda luce tu figura. Ánimo.
Compartimos paraguas a la ida y a la vuelta, y si no llega a ser por Manuela, que descolgó medio cuerpo por la ventana de su salón, agitando el brazo y vociferando, como si nos diera la más eufórica de las despedidas, hoy no estaría escribiéndos esta humilde crónica hecha con amor. Me había olvidado el móvil!

Vuelo hacia Madrid con una hora de retraso, a mi lado un cincuentón disfruta como un niño con los dibujos de Tom y Jerry, teníais que verle la cara. La señora de delante lee un artículo de una revista en inglés que titula «I eat sofa’s», y aparece en la foto una chica tumbada muy relajada y rodeada de sofás, adicta a comer el relleno de los sofás. Qué curioso! Espero que esta señora no esté subscrita a esta revista, aunque me dan ganas de pedírsela para echarme unas risas.

En Madrid me esperan un plato de huevos rotos y un hombre con otros bien puestos, disculpas por mi poco recato. Una vez en el avión nos contaron 20 veces pero el cálculo les daba erróneo. Había un pasajero de más. Nos contaron otras 20.
Precisión suiza.
Igual.
Preguntaron quién de los que estábamos no iba a Madrid, pero ningun idiota, con perdón, se levantó.
Yo esperaba que quizás la de la revista…
Contaron de nuevo, pero esta vez sólo los asientos vacíos. Había sido un fallo de ellos, un fallo! no había ningún terrorista camuflado como yo pensaba.
Preciqué suiza?

Eramos todas las que estábamos pero no estábamos todas las que somos.
Besos a las no presentes, (me gusta más que ausentes) y en especial a Ana.
Disfrutad!

Raquel

LIMONES, MAGNOLIAS, ROSAS Y NOSOTRAS

jueves 24 de marzo 2011

Tan pronto colgué el teléfono esta mañana reparé en el número de comensales. El 13 siempre lo he asociado al mal augurio.
Cuando llegué al restaurante Liguria comprobé que éramos 12 y respiré hondo. Quién faltaba? Manuela me explicó que en algunos hoteles en New York no hay piso 13, parece que los turistas asiáticos temen este número. Yo, aunque a la vista está que no tengo nada de asiática a excepción de que me gusta el picante, doy cierta credibilidad al asunto, más por la superstición galleguiña que por la inteligencia que nos caracteriza a las mujeres. Al rato de tomarnos nota, para mi sorpresa, Samuel retiró la mesita sobrante.
Eché mano de la tecnología y volví sobre nuestra última comunicación de ayer. Mi Iphone 4 indicaba que faltaba Vivi, que vendría para el cafesito. Y así fue, como prometió, con esa frescura que da haber realizado un deporte que gusta, y pescando en nuestras conversaciones para recuperar el sedal. Para entonces, Lorena ya nos había dejado con prisas, y creo recordar que Anahí, que se despedía para iniciar su periódico viaje a Brasil, donde disfrutará un mes por aquellas tierras, también. Te voy a echar de menos.
Ya veis, nunca llegamos a ser trece!
Mónica prometía orden para escucharla en cuanto se comentaran unos asuntos sobre la próxima fiesta del colegio. Manuela reparó con mucho acierto, detalle y sensibilidad, cuando Lali volvía del cuarto de baño, en su sombra de ojos, que nunca antes se había aplicado, y que hoy, buscando aprobación, se atrevió a dibujar en sus párpados, con acierto. Bienvenida al club de las sombras, Lali.
Y qué más?
Juana, la madre de Carmen, disfrutó hoy del último jueves de esta temporada. Que tenga un buen regreso y hasta pronto.
Por cierto, Carmen no cerró la tienda, le sustituyó su marido, y casi les taladran a los dos con las obras del edificio de al lado.
El menú muy variado, delicioso y bien servido, y la atención muy correcta, me dicen que por mayoría el Liguria se lleva un plus.
Limones, magnolias, rosas y nosotras. El lago en calma de Zug que se disfrutaba desde las amplias ventanas del restaurante Liguria, nos aportaba, además de belleza, cierto sosiego.
Porque para tempestad, ya nos sobramos.

Éramos todas las que estábamos, pero no estábamos todas las que somos. Un beso a las ausentes.

Os quiero

Raquel

CRÓNICA DE NAVIDAD FIESTA FOGOSA

jueves 1 de diciembre 2011

A las 12 en punto como se requería en la invitación hice mi entrada.
Lo sabía!!! Ya habia una decena de chicas relajadamente conversando, todas guapísimas. También sabía que me iba a olvidar el regalo de la amiga visible, y así fue. Qué pena conocerse tan bien!  Es que…entre los nervios de la celebración más importante del año y que no dormí bien la noche anterior… A las 3 de la mañana mi hijo Guillem entró en nuestro dormitorio diciendo que había un gato blanco sobre su cama poniéndole el culito en pompa, que primero pensó que era su hermanito hasta que se fijó bien.  Yo  me froto los ojos para despertarme de un sueño, giro la cabeza, y a través de la puerta entreavierta diviso un gato. Y grito. Hay un gato en el pasilloooo!!! El susto es soberano, porque se entiende que no tenemos gato, ni blanco ni negro.
Guillem explica que el gato le bloqueaba la puerta para salir a pedir ayuda y desde ese instante mi hijo ya había decidido  pasar el resto de la noche en nuestra cama. Encargué el trabajo sucio a mi marido, que se armó de valor para indicar al pequeño felino el camino de vuelta. Hoy tuvimos que inspeccionar la zona para comprobar que no había gatos en la costa.
Vuelvo en medio de la niebla al almuerzo. Compruebo que otra veintena de guapísimas chicas siguen parloteando, esta vez con una copita de proseco en la mano. Me apresuro a servirme uno, pero nuestro amigo el camarero se ocupa de eso por mí. Ya se va a efectuar el brindis, y busco apresuradamente los ramos de flores que bien merecidamente se llevan nuestras queridas Eve y Adri, encargadas de este gran evento.
Hago un pequeño speech de agradecimiento entre nervios. No sé ni a donde mirar. Les entrego los ramos chorreando de agua. Mis queridas amigas no saben cómo secarse las manos. Las observo y me siento culpable. Están tan guapas e incómodas con las manos húmedas. Quiero poner solución y busco una servilleta divinamente doblada en forma de abanico. Leo el nombre de la tarjetita perteneciente a esta comensala, y pienso que la pobre de Lucía no tendrá con qué protegerse del aliño francés de la ensalada que había escogido.
Y llega el momento de repartir regalos. Y bla, bla, bla, y aaaaaah! qué bonito!  gracias, y bla, bla, bla, y uuuuuuh, me encanta!  y bla bla, bla y…qué te toco a tí?
Según la hora prevista, nos sentamos en nuestros puestos, indicados por un cartelito con nuestro nombre y elección de menú.
Y de pronto, delante de mis narices un papel azulado se prende con el fuego de una velita inocente y decorativa. La primera reacción por la llama aún pequeña es la de Lourdes, que sopla para apagarla. Mónica ante el miedo de propagar la llama a Manuela o a mí con el soplido, levanta el papel en llamas y corre despavorida, no sabe a donde. Nara siente el fuego en su espalda. Las reacciones son múltiples. Yo grito foto! foto! por mi faceta periodística,  hasta que veo a un niño en su sillita y grito el niño!el niño! Marian se levanta preocupada. El camarero inerte, observa la escena. Por fín Mónica decide soltar la antorcha sobre la moqueta, reavivada en el correteo, y el camarero y la propia Mónica consiguen reducirlo.
Pasado el susto, los comentarios son lo mejorcito. Que si no nos llegaba el presupuesto para fuegos artificiales, que si era la antorcha de las olimpiadas, que si el noticiero diciendo el coloso Bauernhof en llamas, total, que la próxima queremos otro comedor, que ese está quemado.
Llega el primer plato, mi sopa deliciosa. El segundo. Todo buenísimo. Claudia se levanta para dar unos regalitos, no recuerdo por qué, y Lorena, antes de que se marche Lourdes, hace una rifa de unas orejeras rojas para el frío y otros usos que no dejamos de inventar para seguir con las risas de esta fiesta. La afortunada es Martha, que ha prometido sacarle partido todo el invierno.
La llegada del postre se retrasaba tanto que decidí darme un paseíto al otro lado de la luna. Cuando regreso a mi sitio mi apfelstrudel de postre había sido devorado! Regreso al otro bando y robo uno, asegurándome que no tiene dueña. Más que comérmelo, lo destrozo,  después de haber engullido el helado de vainilla que le acompañaba.
Y llegamos a los cafés y a la desbandada. Unas a por los peques. Las otras recibimos la noticia de que debíamos abonar las bebidas. No puede ser! Pero en qué mente cabe elaborar un menú, ponerle precio, y no incluir la bebida, pero sí el proseco y el café?
Se paga y ajustamos posiciones ocupando la mitad de una mesa. La guasa sigue. Que si nos podían invitar a un chupito, que si cuidado de hablar español en entornos desconocidos… Nuestro amigo camarero nos alerta de que hay un bolso bajo la mesa. Mónica grita mío, mío (casi como el gatito intruso de antes), y el camarero se ríe. Pero Mónica, le has hablado en español, le decimos, pero el pillín nos sorprende con la frase, chicas bonitas. Lo típico.
En el contrato ponía que nos podíamos quedar hasta las 17.30, pero decidimos irnos antes de que nos echen, sin parar de reir.
No hay duda, hemos dejado huella, al menos en la moqueta.
Feliz Navidad a todas!!!

Dedicado a todas.
Ra

Y LLEGÓ LA LLUVIA

martes 17 de mayo 2011

Pero no nos importó porque era jueves, y nosotras ya truene, hiele, o abrase el sol, los jueves nos reunimos para almorzar y cotorrear, esta vez en el restaurante Widder en la plaza…
Cuando llegué Mónica presidía la mesa. Estaba imponente vestida de rojo. A su lado se sentaba, por primera vez en los almuerzos, Lucía Elowson de Argentina. Bienvenida!
También se reincorporó Ileana guapísima como siempre.
Adriana se estaba montando en el avión de regreso de Argentina. No creáis que además de controlar las que nos sentamos a la mesa también controlo las que se sientan en los aviones, pero envió un sms a Claudia que leyó a mi lado.
Eramos bastantes y ocupamos una mesa larga y estrecha. Me senté pegada a la pared bloqueada a mi flanco derecho por Viviana y a mi izquierdo por Claudia, y no tuve ocasión de cruzar una palabra con alguna de la cabecera más lejana hasta levantarnos para irnos.

La carta era muy variada, hasta incluía jamón de pata negra entre sus platos fríos. Qué pena que se me olvidó preguntar quién es su proveedor. Como es temporada de espárragos tenían varios platos cocinados con espárragos como ingrediente estrella.

Lo mejor es que nos sirvieron muy bien, y no nos atosigaron con la hora de cierre. Hoy no nos echaron. Nos fuimos. En dirección a la boutique Carmen Mendoza de nuestra amiga Carmen Mendoza, que nos invitó a café y champagne. Ahí se crea siempre muy buen ambiente y nos reímos mucho.
Lali por cierto, te olvidaste la correa de Luna.

Mónica, Eve, su esposo Rafael y Cielo fueron los más madrugadores. Montaron con éxito el primer stand hispano-latinoamericano en mucho tiempo, el último que yo recuerde fue hace unos 6 años.
Además de sangría, se vendía un combinado de tapas a base de gazpacho, mole, empanadilla, jamón serrano, tortilla de patatas, y aceitunas. Como gancho para atraer al público se expuso un jamón serrano procedente de un Lidl holandés, que menguaba con el paso de las horas hasta que se quedó en los huesos, ya rozando las 4 de la tarde, hora de cierre. También por su demanda se improvisó vender un plato de jamón acompañado de pan delicioso que Jorge salió a comprar sobre las 11. En el terreno de los postres, ofrecíamos un plato combinado de diferentes dulces como arroz con leche o las cientos de exquisitas bolitas do Bracil, elaboradas por Anahí y Ayrton.
Lo más trabajoso del día fue evitar que toda la comida se empapara cada vez que caía un aguacero. Estábamos como en una burbuja de plástico, sólo conectadas a la humanidad por el frente, con goteras en la unión de las dos carpas. Martha enfundada en un amplio anorak y bajo un paraguas oscuro se pasaba de vez en cuando para ver como nos iba el día. En el interior de la burbuja, el día transcurrió muy ameno, sin agobios, y con muy buena sintonía. Alguien comentó que hubiera estado bien amenizar el trabajo con un poco de música. En el backstage de la carpa, se refugiaban  nuestras amistades y nuestros hijos a lo largo del día. Se comía, se bebía, se conversaba, se reía, se estaba todo el que quería.
Media hora antes de las 4 se puso a  llover a cántaros.
Cuando llegó la hora de desnudar el parking de lonas, mesas, plásticos, frigos y otros enseres, que con una eficacia increíble y bajo la lluvia intensa desmontaron y recogieron algunos esposos, me di cuenta de que en los stands más próximos, el alemán y el francés, habían estado trabajando toda la tarde entre los plásticos, amigas mías de dichas nacionalidades. Estoy segura de que todos de los que me despedí cuando no quedaba ni huella de nuestro refugio,  llegaron calados hasta los huesos, como el jamón. Creo que no me llegaron las dos salidas que realicé del stand para admirar lo que allí había acontecido. Era la oportunidad perfecta para encontrarse con toda esa gente que ha entrado en nuestras vidas a lo largo de los últimos años, y poder celebrar con ellos el privilegio de formar parte de una variadísima comunidad internacional, y disfrutar que nuestros hijos se muevan como peces en el agua, y nunca mejor dicho, en la lluvia en este día, bajo un ambiente de muy buena voluntad, compañerismo y libertad.

Yo, desde luego, repito. Eso sí, la próxima pienso estar mucho más alerta y tomar nota de todo lo que se cuece entre banderas, stands, shows, y público.
Lina, te debo una cerveza.

Buenas noches.

Raquel

ROJO que te quiero ROJO

14 abril 2011

«Gire a la derecha». El GPS de Adri se emperraba todo el trayecto hacia casa de Lorena en hacernos girar a la derecha. Era un GPS trampa puesto que a este lado sólo había agua del hermoso lago que íbamos bordeando. Y quién habla detrás de esa maquinita que tan mal nos quiere?
Cuando llegamos a nuestro destino el coche ROJO de Lali era el único aparcado. La casa de Lorena estaba flanqueada por una bandera ROJA con una cruz blanca en el centro.
Lorena nos recibió en la entrada. Sus labios ROJO pasión eterno nos besaron uno, dos o tres besos según la persona y sus costumbres.
Enseguida subimos al salón y salimos a la terraza, donde se nos ofreció un vaso de ROJA sangría, afrutada y fresca como la tarde.
Llegó entonces el tercer coche con Nara al volante acompañada de Inma. Sus caras de «por fin lo encontramos» se relajaron al unirse al resto.
Mónica no pudo acudir porque su coche la dejó tirada, y Eve se torció un tobillo jugando al tenis. Qué mala pata!
En la terraza conversamos de pie un rato mientras apurábamos nuestros vasos, pero las bajas temperaturas nos obligaron a entrar y poco después Hans Peter, que apareció a tiempo para echar una mano, nos invitó a tomar asiento.
El ceviche, un plato de camarones bañados en un jugo ROJO a base de tomate, cebolla y perejil todo muy picadito, se acompañaba de palomitas como guarnición. Alguna prefirió picarlas directamente del bol.
Mientras la carne se hacía en el grill, tratábamos de sonsacarle a Lorena la receta del entrante, optando finalmente por grabarla con el móvil.
Llegó el segundo plato y con éste el arroz delicioso que sabe hacer tan bien Lorena. De nuevo intentamos recopilar la receta por todos los medios.
Degustamos los 4 o 5 tipos de carne acompañada de una rajita de aguacate, y más de una nos acordamos del correo de Anahí acerca de las propiedades del aguacate como alimento muy completo y beneficioso para prevenir muchos tipos de achaques, algunos ligados a la vejez, otros a la mala vida.
Cuando me acordé de hacernos una foto para inmortalizar este almuerzo, me fijé que sólo quedaban huesos en los platos, y aunque eso fuera un buen indicio, no reflejaría fielmente lo que acabábamos de engullir. Entonces nos levantamos de la mesa para retratarnos en la terraza. Teníamos un fotógrafo de lujo, un fondo de ensueño y unos cuerpazos que giraban a un lado y a otro adquiriendo diferentes poses, y posiciones. Sólo deslucía el momento el frío, que no se veía en la foto, y las zapatillas de piscina de Lorena, que sí eran captadas por un sinfín de móviles sobre la mesa esperando a dar fé de todo esto que os cuento.
De nuevo dentro, Lali aprovechó la ocasión y sacó de su bolso el listado de chicas hispanas para aclarar a quién le correspondía encargarse de las amigas que cumplen en abril. Faltaban algunas fechas, como la de Ale, que cumple este domingo 17. Lore apuntó que el 2 de junio de cada año cumple uno más y para ese día toca darse color en el pelo, porque de la depilación ya se ocupó, y su marido bien satisfecho que estaba. Entonces Lali comenzó a ponerse nerviosa y a trabarse al hablar. Y de repente Lorena, que nos servía unos licorcitos de su gusto, tropezó con Luna, la perrita de Lali, y vi como ese líquido ROJO intenso volaba y caía sobre alguna de las comensales, yo incluída. De mi brazo derecho parecía que salía sangre a borbotones y salpicaba  la chaquetita blanca de Ale. Pronto lo solucionamos  con agua y jabón.
Nos pusieron dos vasitos diferentes de licores ROJOS.
Uno un licor de frutillas, Strawberry Beach, de textura densa con sabor a fresa, el otro un licor de ciruela más fluído. Bebimos los dos, uno detrás de otro, y gustaron mucho, uno más que otro.
Y ya no quedaba nada más por beber que un cafecito.
Por alguna razón seguía saliendo el tema de la depilación entre otras conversaciones apropiadas a cualquier almuerzo de chicas de los jueves, con una ligera diferencia, hoy se sentaba con nosotros un varón, un hombre que no paraba de levantarse a hacer un café cada vez que nuestra amena charla derivaba en algo, insisto, propio de cualquier jueves.
Se hizo poca sobremesa, repletita de cafés eso sí, porque el tiempo pasó entre anécdotas, historias de las recién llegadas como Nara de Brasil, Ale de Roma y Adri de Argentina, fotos, risas, y un riquísimo almuerzo. Muchas gracias a Lorena y Hans Peter por eso y por la amable y divertida acogida.

Los dos próximos jueves faltaremos muchas que estaremos de vacaciones. A todas os deseo una feliz Semana Santa donde quiera que estéis, y nos vemos a la vuelta, yo con un año más de experiencia en la vida.

No puedo prometeros que la secuencia de los hechos narrados hoy sea veraz, pero, qué demonios, esta es mi historia, y espero, colorín COLORADO, que os haya gustado.

Eramos todas las que estábamos pero no estábamos todas las que somos. Besos a las no presentes.
Disfrutad!

Raquel

POR NOSOTRAS

5 de mayo 2011

Queridas amigas
Este domingo dia de la madre pone el broche a una semana de reencuentro con nuestras amistades, actividades, obligaciones y placeres. Una semana por tanto de adaptación a nuestras rutinas, de deshacer maletas y de poner orden en nuestros hogares. Y todo acompañado de un tiempo espléndido.
Este jueves 5 de mayo hemos almorzado en la terraza del Casino de Zug, que a pesar de ser el plan B, gustó mucho.
Fresco a la sombra y a gustito al sol, comenzamos con un prosecco que ofrecí con placer con motivo de mi cumpleaños, que fue el pasado lunes 2 de mayo, a todas las amigas que pudieron acudir.  Por ese motivo había preparado un pequeño discurso que precediera al brindis, y que llevaba escrito en mi Iphone. Pero no tuve éxito porque no logré captar vuestra atención, aunque llegara tímidamente a golpear el cuchillo en dos copas delante de mí. Según transcurría el almuerzo iba perdiendo sentido leer ese pequeño speech, quizás no se estile en los cumpleaños, porque ya no acompañaba al prosecco. Cuando quise intentarlo de nuevo, se me había calentado tanto el Iphone al sol, que quedó por un tiempo inutilizable.
Y para que mi intención y mi ilusión no caiga en saco roto quiero compartir a través de esta no crónica lo que con emoción escribí el día antes del almuerzo.
Espero que hayáis pasado un feliz día de la madre como yo, en mi caso el segundo, porque en España se celebra el primer domingo de mayo.

Esta semana (con motivo de mi cumpleaños) mi madre me contó algo que yo posiblemente ya sabía pero que habré querido olvidar.
Nací con dos vueltas de cordón al cuello, medio axfisiada en mi meconio y ayudada de forceps y ventosa.  Esa información supuso un valor añadido a mis 43.
Supongo que por eso desde entonces me gustan las sensaciones fuertes. Lo del jamón ibérico fue después. Y también los almuerzos de los jueves.
De pequeña era muy obediente y estudiosa.
Luego cambié y se complicó todo un poco. Me eché un par de novios extranjeros, y me quedé con el mejor. Mi padre me preguntaba porqué no podía ser un galleguiño con todos los que había, pero yo ya había decidido que me gustaban los retos.
En la universidad me apodaron coco loco sólo porque era diferente, porque hacía las cosas de diferente forma. Llegado el día emigré con dos maletas y un trabajo a Holanda. Y ese fue el comienzo de mi andadura hasta llegar aquí.
Dicen que la vida no es color de rosa. Pero a veces es de color rojo pasión, rojo que te quiero rojo.
Me gusta perderme en las alturas, pero también disfrutarla con vosotras en la tierra, en nuestra Babel.
Leí hace poco un artículo sobre alguien muy sabio que decía que «la vida es lo que nos sucede mientras hacemos planes de futuro».
La vida es hoy, es ahora, es estar aquí con vosotras, es organizar el almuerzo y disfrutarlo, y es ayer, es incluso todo lo malo que nos haya ocurrido y es reponerse de ello.
Brindo por las ganas de vivir, por el amor y  la amistad, por las mujeres y los retos.
Por nosotras.

Con cariño
Raquel

SWEET AND SOUR

27 de abril 2011

Siempre que voy a un chino se me dibuja una sonrisa (sweet) cuando me acuerdo con nostalgia de lo que decía mi padre (sour) cuando llegaba a la hora del almuerzo: CHINO PINCHA LUEDA. Ya estaba otra vez el chino del restaurante cerca de nuestra casa coaccionándonos para que le vendiéramos nuestra plaza de garaje próxima a la suya. Era un chino de lo más frustado.

No sé si el restaurante chino Suan Long en Zug donde almorzamos hoy jueves 19 de mayo tiene chinos pincha luedas, pero sí debe de haber uno/a que cocina bien, porque todo lo que pedimos fue de nuestro agrado: el pollo al curry, el pollo al limón, el pollo con anacardos y verduritas, el pollo agridulce, las gambas, los calamares al vapor, o el tofu. No eché de menos la bebida de cola Sinalco del restaurante Widder, me gusta más la original que siempre nos pedimos unas cuantas.
El piso de arriba estaba ocupado sólo por nosotras, de modo que la atención fue muy exclusiva, nunca me habían rellenado mi copa de coca  cola como si se tratara de un buen reserva de tinto español. El servicio muy rápido, a las 2 y cuarto ya estábamos pagando aunque luego nos quedáramos otros quince minutos despidiéndonos.  No hubo equivocaciones, ni comida super picante o quemada. Todo transcurrió con absoluta normalidad. En mi lado de la mesa se habló sobre todo de chinos, de su gastronomía, de cómo había cambiado el país en los últimos 30 años, o de lo que se pegan a la gente mientras esperan en las colas de cualquier evento. Eve, que viajó dos veces a China, nos contó sus experiencias, lo difícil que resultaba elegir un menú en este país que no fuera a base de estrella de mar, caballito de mar, o cualquier otro tierno animalito más propio de ser protagonista de un cuento para niños que de caer en las redes de los fogones orientales.
Y lo que suponía comer algo sin saber de qué se trataba.
Un día decidieron pedir el plato más caro de la carta por aquello de que debía ser una delicatessen, lo probaron y sin duda no estaba mal, aunque no podían reconocer el sabor. Cuando llegaron al hotel googlearon el nombre del plato y se enteraron de que consistía en un nido de pájaros formado a base de su saliva, todo ello tratado debidamente para convertirlo en un manjar, antaño bocado preferido de emperadores. Y os aseguro que esta anécdota no es un cuento chino, palabra de Eve. Viviana, Carmen y yo disfutamos de sus historias que acompañadas de su gran expresividad arrancaron nuestras carcajadas y nos alegraron el día.

Quiero dar la bienvenida a Nati, española de Zaragoza, residente en Baar y filóloga como yo, que estará por aquí una temporadita.

No tomamos café en Suan Long. Nos fuimos de nuevo a la boutique Carmen Mendoza de nuestra amiga Carmen Mendoza. Carmen, casi que podrías montar un café boutique a este paso, y poner la terracita en la parte de atrás.
Manuela apunto estuvo de tomarse mi café con cafeína (que no tolera porque le roba el sueño) al que había echado por error 5 sacarinas, pobre de mí que lo tomo con leche y sin azúcar. Acepté de buen agrado un café sólo ya que se había acabado la leche y  porque como dicen, «a nadie le amarga (sour) un dulce (sweet)». Allí apareció nuestra Claudia con Fifí, que puso la pimienta al café.

Y aquí estoy mis queridas amigas bajo los efectos del café, acabando mi crónica, sweet and sour, agridulce, como la vida misma.

Raquel

VIENTO Y KITE

domingo 23 de octubre de 2011

Aterrizamos en Málaga y después de hacer un brunch en casa de mi cuñado en Calahonda, Mijas, nos dirigimos hacia Conil, parando frente a Gibraltar para divisar el peñón, y contarle a mis hijos cómo ese pedazo de roca y alrededores no es territorio nacional, por un tratado en el que se cedió a los ingleses, después de perder una batalla contra ellos con un montón de barquitos y cañones. Y no pudieron dejar de exclamar «Gribraltar español»!

Después pasamos por Tarifa, y llegamos a Conil, nuestro destino.

El primer día en la playa de la Fontanilla nos acercamos a la zona que llaman la charca, donde sobre volaban cometas de kite, en busca de alguna escuela de kitesurf.

El viento de levante elevaba tres palmos la arena de la playa y nos golpeaba las piernas como si nos lanzaran cabezas de alfileres.

Al llegar a la charca se nos cruzó una surfista descarada y simpática, de bonitos ojos verdes como el mar, que le pidió a mi marido si por favor le subía la cremallera del traje de neopreno. Caray con las gaditanas!

Después de haber intimado le preguntamos si conocía a algún profesor de kitesurf, entonces señalando al mar gritó el nombre de Rafa, su novio, que enseguida salió del agua. Rafa tenía también unos ojos verdes preciosos y así se lo dije. Caray con las gallegas!

Parece que estaría dispuesto a enseñar al enano, como llamó a mi hijo mayor. Regresamos donde habíamos extendido las toallas ahora enterradas en la arena y reservamos en La Fontanilla, que pasó a ser el restaurante de los almuerzos a pie de playa. La barriga de atún al horno o la lubina a la sal, tortillas de camarones, gazpacho y ensalada formaban parte de nuestro pan de cada día.

Olía a verano, sabía a verano, pero no lo era. Estábamos a 17 de octubre.

A petición nuestra en el hotel nos habían cambiado dos triples sin comunicar, por una suite enorme, con dos dormitorios, dos baños, tres televisores, salón, y una terraza impresionante situada justo en el centro de la fachada frente al mar y la piscina. Tumbonas, sombrillas, mesas, sillones, plantas, y hasta tendedero. Temporada baja y amabilidad gaditana.

Los días transcurrieron entre baños de sol y mar. Y pescaíto.

Pendientes del viento, por exceso o por defecto.

Cada mañana llamábamos al profesor. Y no sólo nos preocupaba el viento. Hacer kite y pesar 33 kilos como mi hijo es complicado. En un airón acabas en Marruecos. Su padre le acompañaba en las clases, sobre todo para agarrarle por las piernas para que no saliera volando.

En este deporte primero se aprende a manejar la cometa en la arena. Se puede navegar la cometa a partir de 12 nudos.

La cometa de kite consta de una parte central que se llama la boca del viento y unas costillas en los laterales. Los tubos hinchables de las costillas se denominan condones. Las hay de 9 metros para adultos y viento ligero, 12 metros para gordiños y viento más fuerte.

Por falta de viento no llegaron a probarla en el agua. Es una asignatura pendiente.

Los gaditanos se refieren unos a otros como «pisha». Por ejemplo como reza la camiseta de souvenir de mi hijo: «pisha, no tor mundo pue ser de Cái «(Cádiz). O «qué va a hasé esta tarde, pisha».

Y creo que a las gaditanas se les dice» shosho»: Anda,  pásame la sal, shoshito». Los niños, que son muy espabilados, enseguida le dieron juego a este idioma, y con el pisha por aquí y el shosho por allá, una tarde paseando por Cádiz, paramos a una viandante para preguntarle cómo llegar al puerto. Nos indicó todo recto. Mi hijo mayor muy bajito, pero no suficiente para que yo lo oyera, espetó  «gracias shosho».

Fuimos al puerto para ver un galeón español de los de antes, de los de la batalla de Trafalgar, llamado La Pepa que commemora los doscientos años de la existencia de nuestra constitución, coloquialmente llamada igual que el galeón. Allí nos dijeron que se abriría al público en noviembre. A unos metros de la Pepa, había un barco tan grande como el anterior.  En la cubierta unos jóvenes se tomaban unas cervezas. Esto contrastaba con  otros que a nuestro lado y sin camiseta, realizaban ejercicios durísimos propios de un castigo.

El primero era una combinación de diez flexiones, apoyados en unas mancuernas que podrían pesar 10 o 12 kilos cada una, luego sin pausa se levantaban sujetándolas y alzándolas a un tiempo, para volver a la posición de flexiones.

En el segundo ejercicio utilizaban una bola de plomo de unos 10 kilos o más, que sujetaban por una anilla, y que balanceaban desde arriba pasándola entre las piernas hasta que los brazos ya no llegaban más lejos, y vuelta a empezar. Los músculos de sus espaldas sudorosas perfectamente trazados.

Y así repetidamente, una y otra vez hasta que nos cansamos de mirarlos.

Sobre el mar de fondo el sol anaranjado como una calabaza enorme desaparecía bajo la línea recta del horizonte.

Aquellos días disfrutamos de atardeceres grandiosos desde el paseo marítimo, desde la estupenda terraza de nuestra suite, desde el coche. No tor mundo pue se de Cái, pero sí pue disfrutá de sus puestas de sol.

Volvimos a Mijas y pasamos nuestro único día de lluvia en familia.

Regresamos en avión a Bérgamo, donde aprovechamos siempre que podemos a darnos un paseo, como dicen los letreros,  por el «area pedonal»  y tomarnos una buena pizza. Y así pusimos fin a estas maravillosas y relajantes vacaciones.

PAQUITA PORTATE BIEN!

jueves 13 de octubre de 2011

Quedamos con Gina a las 12 en el restaurante Focus Pier 41. Gina es vecina de Rosa y se ofreció a recibirnos en el Pier 41 con un welcoming drink, una copita de espumoso. Todo un detalle de su parte. Había dos mesas dispuestas, una de ellas todavía vacía. Completamos la primera. Gina quería quedarse para brindar todas juntas pero le expliqué que vamos llegando a cuentagotas y una media hora después y tras haber levantado su copa con las allí presentes, decidió marcharse.

Apenas me senté sirvieron la sopa a las amigas a mi lado, y cuando terminaban su café yo empezaba con el segundo plato.

Nos tocó la camarera que me atendió el día anterior, Francisca, que no sonrió ni una sola vez en todo el almuerzo. No tenía por qué hacerlo, no somos tan chistosas, pero es que tampoco hablaba. Dudé un instante hasta que me di cuenta de que la bolita que tenía en la nariz era un piercing.

Cuando llegó Claudia a nuestro almuerzo me dijo casi espantada, por lo menos podía sacarse el moco de la nariz, que no Claudia, que es un piercing, pues parece un moco, que sí, que tienes toda la razón, no es agradable.

Bueno pues Francisca o Paquita se estresó un montón al tomar nota. Entiendo que hace falta un poco de paciencia con nosotras, pero el día anterior éramos sólo tres y ya dejó constancia de su simpatía. Volviendo al almuerzo, yo me levanté a preguntarle algo y se volvió hacia mí en un medio giro brusco, colocando sus brazos como para recibir un balón de rugby, estirando los dedos de las manos y me dijo «stop». Y me quedé más parada y más tiesa que un stop.

Volví a mi asiento. Cuando llegó a mi zona, me encantó Rosa, que le dio muchos ánimos a Francisca diciéndole que no se preocupase, que lo estaba haciendo muy bien. Y seguro que lo estaba haciendo lo mejor que podía.

El menú del Pier ofrecía tres sopas y tres ensaladas a elegir, un plato de pescado, otro de carne y un vegetariano, en una libreta en la que se puede leer el menú del día en la parte izquierda, cada plato precedido de un número. En la derecha hay tres tiras de números, y en cada tira se coloca el número del plato escogido. Queriendo ser novedoso resulta un poquito enrevesado.

El Pier 41 es un bar lounge muy estiloso, con moderno mobiliario y decoración esmerada.

Está abierto todo el día y es ideal para tomarse un vino o una cerveza al caer la tarde. Es también una opción para salir de marcha, ya que cierra los jueves a las 2 de la mañana y el fin de semana a las 4, con porteros, cola para entrar, ambiente y toda la parafernalia de la noche. Aunque con la música alta ya sabéis, apenas se puede conversar.

Parece que la comida era aceptable, y el menú económico, exceptuando las hojas de la rucola que venían tristísimas.

En el otro extremo de la mesa hablaron sobre qué hacer en el almuerzo de Navidad. Será el uno de diciembre en el restaurante Bauernhof, donde nos tratan tan bien.

Se fueron yendo algunas y quedamos las demás tomando café, charlando y terminándonos el montón de botellas de litro de agua que sirvieron en el almuerzo.

Yo quizás vuelva un día a cualquier hora, eso sí, lo primero si veo a Francisca le digo «Paquita, hoy pórtate bien».